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Hábitos alimenticios saludables en los niños. Parte 1

    Los niños imitan las acciones de sus padres, y en la alimentación también, ellos observan, repiten y se mueven por su necesidad fisiológica de cubrir el hambre. Los sabores, aromas y texturas de los alimentos son como tesoros que los más pequeñitos están descubriendo, algunos serán de su completo agrado y otros rechazarán, pero la aceptación y relación que tengan con la comida dependerá de lo que vean y practiquen en casa. Por esto y por un conjunto de factores –que tiene trascendencia– es de extraordinaria importancia una óptima alimentación, de esta manera, una educación nutricional.

Cada etapa de la infancia tiene sus requerimientos de nutrición específicos que bien llevados a la práctica proveen grandes beneficios a su salud. A los bebés se les alimenta con leche, preferentemente la materna, más adelante vienen las papillas, lo recomendable es seguir las indicaciones de su pediatra. Los niños de uno a dos años empiezan a masticar y ya se les puede introducir alimentos troceados; al pasar esta edad adquieren mayor capacidad para masticar debido a su dentadura, están aptos para comer bocados de pollo, carne, huevo, frutas y otras comidas partidas.

En las siguientes fases, preescolar y escolar, lo ideal es que se realicen cinco comidas, las tres principales y sus dos colaciones. Sin duda, lo aconsejable es que consuman los tres grupos nutricionales: carbohidratos, proteínas y grasas, por supuesto que comprende a las frutas y los vegetales.

Etapa preescolar.

Abarca de los tres a los seis años de edad. La imitación por parte de los niños se va haciendo más evidente, a medida que el niño crece su gasto calórico es más demandante y por lo tanto su menú, entonces se van introduciendo verduras más completas, prácticamente está apto para comer la misma comida que los demás. Es muy probable que rechace ciertos alimentos que no ha consumido antes, precisamente porque no le parecen familiares o no le agrada su apariencia, pues los chiquitines se guían en gran medida por la presentación y los colores.

Etapa escolar.

Comprende hasta los 12 años de edad. Aquí ya son más conscientes y selectivos a la hora de escoger lo que quieren comer. Sus actividades aumentan, pasan más tiempo en la escuela y desde temprano tienen que salir de casa, por tal motivo el desayuno se vuelve una actividad esencial en su rutina; representa una valiosa oportunidad para comenzar su jornada con energía y para recibir los nutrientes que serán aprovechados durante la mañana.

La primera comida del día no deberá ser subestimada, su valor se traduce en rutinas saludables, desarrollo intelectual, aprovechamiento escolar, comportamiento, funcionamiento digestivo, solo por mencionar algunos de sus grandes beneficios.

Si un niño no quiere desayunar antes de ir a la escuela seguramente no tiene este hábito bien afianzado, entonces su tiempo de ayuno se incrementa y probará bocado hasta  la hora del recreo, donde puede ser cualquier tipo de alimento, sano o con pobre contenido nutricional, pero ya su organismo estuvo estresado por no recibir alimento. La especialista en nutrición y catedrática, Korina Amarillas González, afirma: “Dejar de desayunar puede hacer que presente poco o bajo desarrollo general  debido a que está trabajando todo el organismo, desde el estómago hasta el cerebro, sin alimento, con las reservas que él tiene, y esto representa un desgaste porque no tendrá reserva para todo el organismo”.

Continuará Parte 2.

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